No es más que una anécdota contada por un enamorado, una de esas que hacen que nos remontemos a algún momento vivido, que si no fue igual, por lo menos nos hizo sentir lo mismo. Es preciso decir, que supo usar los términos adecuados para cada característica de la historia. Ignoro si fue real o inventada, sin embargo, creo que carece de importancia ese hecho, puesto que logró su cometido: transportarnos a una experiencia vivida.
Desde la primera vez que escuché hablar de Benito Taibo, recuerdo que fue por lo impecable en su escritura. No me refiero a que tenga buena gramática (aunque sin duda, la tiene), más bien, hablo de su manera tan peculiar al referirse a las cosas, momentos, personas, etc. Eso fue lo que más disfruté del texto, además del cuento, ésto me hizo sentirlo más sincero y real. Pienso que tiene una manera muy distinta de escribir, a la de varios autores. Logra remontarte a los hechos sin tener que detallar y describir santo y seña de lo sucedido. No niego que no lo haga, en cambio, cuando recurre a ésto, lo hace de una forma ingeniosa y acertada que logra engancharte sin más en la historia.
Ahora, después de leer este pequeño texto, enormes ganas me han quedado de seguir conociendo un poco más de esta prodigiosa persona, a través de sus obras.
